Voces RR. HH.

Victoria Jiménez de Pablo

Directora Global de People Engagement en Grupo Prosegur
Premio al Desarrollo del Bienestar en la Organización
Victoria Jiménez de Pablo

Uno de nuestros principales valores diferenciales es nuestro propósito. Tenemos el orgullo de que nuestra razón de ser -hacer del mundo un lugar más seguro- es un principio muy tangible en el día a día de nuestros equipos.

En un mercado competitivo las empresas basan su estrategia de negocio en las personas como el elemento diferencial y definen estrategias de atracción y reclutamiento, que combinan técnicas sofisticadas de marketing, y estrategias complejas de recursos humanos para ser “los mejores empleadores”. ¿Cómo puede RRHH asegurarse de que las propuestas de valor realmente se vivan y no solo sean palabras en una página web? ¿Qué estrategias pueden ayudar a fortalecer la cultura corporativa y hacerla coherente con la identidad de la empresa?

Hoy en día el talento compara, conversa y comparte experiencias en tiempo real, y a la vez, el mercado está saturado con ofertas similares, donde muchas empresas comunican propuestas de valor que terminan siendo indistinguibles entre sí.

Frente a esto nosotros apostamos por reforzar nuestra autenticidad: ser quienes decimos que somos, desde el primer contacto hasta el desarrollo profesional dentro de la casa. Lo hacemos unificando los mensajes que se dan externamente con los que se dan internamente y esforzándonos por que la propuesta de valor esté alineada con la cultura real de la organización y no con un ideal aspiracional desconectado del contexto.

Uno de nuestros principales valores diferenciales es nuestro propósito. Tenemos el orgullo de que nuestra razón de ser—hacer del mundo un lugar más seguro—es un principio muy tangible en el día a día de nuestros equipos, y tenemos identificado que el propósito no solo da sentido a la labor diaria, sino que también actúa como un elemento de cohesión dentro de la cultura organizacional. Cuando los equipos sienten que su trabajo impacta directamente en la sociedad, el compromiso se refuerza de manera natural. No es solo una responsabilidad operativa, sino una convicción que genera orgullo y pertenencia.

Una vez existe ese anclaje entre los mensajes y los valores organizativos, diría que el reto – y la oportunidad – está en proteger esa identidad, que seamos conscientes de que la identidad de una organización se sostiene —o se erosiona— en cada decisión, cada política y cada liderazgo visible. Es por esto que es tan importante trabajar en tener canales de escucha efectivos; una verdadera transparencia en la comunicación (incluso y especialmente ante los desafíos en la implementación de los valores); y en saber aplicar bien la experiencialidad, porque las personas no solo evalúan su entorno de trabajo por el salario o las oportunidades de crecimiento, sino por las emociones y sensaciones que experimentan en su día a día.

El bienestar emocional de los empleados ha cobrado una relevancia sin precedentes. Las organizaciones han comenzado a comprender que la salud mental no solo impacta en la productividad, sino también en el compromiso y la retención del talento. Sin embargo, a pesar de los avances en concienciación, todavía existen barreras para su implementación efectiva: desde presupuestos limitados hasta una cultura corporativa que no prioriza este tema. ¿Cuáles considera que son las claves para desarrollar programas realmente efectivos y accesibles que logren mejorar el bienestar de los empleados y que no queden en meras iniciativas simbólicas?

Para que las iniciativas en torno a la salud mental no se diluyan en lo simbólico, deben dejar de concebirse como tendencias pasajeras, acciones aisladas o concesiones al mercado laboral.

Los programas verdaderamente efectivos no son iniciativas accesorias, sino parte de una gestión madura del talento. Se reflejan en la forma en que se mide la carga de trabajo, en cómo se estructuran los procesos de liderazgo y en cómo las evaluaciones de desempeño incorporan conversaciones sobre motivación, energía y límites.

El reto no es solo desarrollar indicadores de salud emocional, sino también generar una verdadera concienciación para que los líderes sean capaces de detectar y gestionar, de manera temprana, señales de agotamiento, desconexión o desmotivación antes de que impacten negativamente en el rendimiento y la retención del talento. Abordar el bienestar no como un coste, sino como una inversión estratégica en eficiencia y sostenibilidad operativa, es el enfoque ganador.

Las barreras presupuestarias existen, sí, pero muchas de las intervenciones más transformadoras no requieren grandes inversiones, sino voluntad, coherencia y decisión. La clave está en dejar de delegar la salud emocional en las personas y empezar a tratarla como una responsabilidad compartida donde la empresa actúa como facilitadora, reduciendo el estrés estructural y fomentando un entorno saludable; los líderes son referentes, gestionando el talento con empatía y promoviendo una cultura de confianza y apoyo real; y los equipos son protagonistas, participando activamente en la construcción de un ambiente donde el bienestar sea una prioridad compartida.

Vivimos un entorno en el que la inestabilidad geopolítica, social y económica complejiza el cambio constante que estamos viviendo. Mirando al futuro, y arriesgándonos a predecir lo que está por venir en los próximos años, ¿qué pautas sugeriría para preparar a las organizaciones? ¿Cómo ve el papel de la función de RRHH en este entorno?

El entorno en el que operan las empresas hoy en día exige una función de RRHH profundamente integrada en el negocio, sin perder de vista que todo parte de las personas pero con la mirada puesta en la eficiencia operativa y el cumplimiento.

La gestión de personas no es periférica: es estructural. Por eso, no debemos olvidar que las iniciativas que impulsamos —bienestar, satisfacción, cultura— no son fines en sí mismos, sino herramientas que afectan directamente a la cuenta de resultados.

Hoy más que nunca, RRHH debe actuar como un agente estratégico, y para mí, una de las principales formas de hacerlo es impulsando culturas organizativas donde el compromiso de los empleados se convierte en un activo central. Porque un empleado comprometido no solo mejora su productividad: también está más dispuesto a formarse, a adaptarse, a colaborar, a innovar y a cuidar el cumplimiento. Ese compromiso se traduce en menor rotación, menos absentismo, mayor seguridad, y en última instancia, mejores resultados financieros.

En cuanto a la preparación, más allá del Upskilling y el Reskilling, RRHH debe aprovechar su conocimiento de procesos y personas para filtrar el exceso de información y focalizarse en aquellas iniciativas e indicadores que tengan un impacto directo y cuantificable en la eficiencia operativa. La evolución de la relación empresa-empleado demanda una capacidad de adaptación cada vez más ágil, y un enfoque de RRHH bien diseñado no solo garantiza la continuidad del negocio, sino que también refuerza la confianza de los empleados. La capacidad de una organización para seguir siendo competitiva pasa, inevitablemente, por la solidez estratégica de su función de RRHH.

La tecnología es un elemento que impregna no solo el desarrollo de las propias organizaciones sino también la cultura. La IA está revolucionando todas las áreas de actuación y, como consecuencia, generando un interés creciente en la formación y el “reskiling”. ¿Cuál es su valoración sobre el impacto de la tecnología? ¿Cómo preparar a las organizaciones para afrontarlo con garantías de éxito?

La historia del trabajo nos enseña que el cambio es la única constante. Desde la revolución industrial hasta el trabajo híbrido o la movilidad internacional, cada disrupción ha traído consigo retos y oportunidades. La Inteligencia Artificial es sin duda una de las más profundas porque no solo cambia el ‘cómo’ trabajamos, nos lanza incógnitas en torno a la protección de derechos, al cumplimiento normativo o a la velocidad con la que necesitamos gestionar el cambio.

Los profesionales de RRHH somos la figura que debe anticiparse a cómo las tendencias disruptivas – como la IA – impactan en las personas y en su rendimiento; algo que yo sinceramente, en lo que respecta a la digitalización, creo que estamos haciendo bien.

En buena parte de las corporaciones, los departamentos de personas han sido de los primeros en apalancarse en la propia tecnología para evolucionar la función. Así se ha hecho en nuestra organización, y transitar desde hace años la gestión del cambio que supone la digitalización, nos ha preparado para apoyar a la compañía en esta segunda vuelta de tuerca, en la que, de hecho, la propia tecnología nos ayuda a hacerlo de forma más eficaz y eficiente.

La capacidad de explotar datos y analizarlos ha abierto la puerta a una mejora continua de los procesos de RRHH, permitiendo decisiones accionables que impactan directamente en la eficiencia operativa y en la gestión del cambio. La digitalización nos ha permitido evolucionar de una gestión intuitiva a una basada en indicadores concretos y medibles.

¿Cuál es mi valoración al impacto de la tecnología?, creo que la única alternativa que nos podemos permitir es que el impacto sea positivo. Tenemos la capacidad, y el deber, de que nuestros equipos y nuestras organizaciones integren la IA y cada disrupción que se presente como aliadas, y creo que estamos preparados para ello.

Francisco García Cabello
Fundador y CEO Foro Recursos Humanos
Publicación
03 de septiembre de 2025