Voces RR. HH.

Pedro Ribes

Presidente AEDIPE España
Pedro Ribes

Es fundamental definir una propuesta de valor al empleado clara y alinear los sistemas de gestión de personas -formación, desarrollo, evaluación de la contribución y retribución- con esa propuesta.

Estamos viviendo en nuestras organizaciones un momento extraordinario en relación con el talento. Todo parece orientado a atraer a los mejores y a analizar cada decisión desde la óptica de la fidelización. La llamada “guerra por el talento” es una realidad y tiene un impacto directo en aquellas organizaciones que descuidan aspectos clave como el employer branding, los procesos de reclutamiento y la gestión de la experiencia del candidato y del empleado.

Considero clave trabajar desde la planificación, los sistemas y la coherencia organizativa. Es importante impulsar la atracción y la marca empleadora para ser visibles en el mercado, pero el mensaje que transmitamos debe corresponderse con lo que realmente ofrecemos dentro de la organización. Por ello, es fundamental definir una propuesta de valor al empleado clara y alinear los sistemas de gestión de personas -formación, desarrollo, evaluación de la contribución y retribución- con esa propuesta. Además, resulta esencial establecer planes individuales de desarrollo profesional y, sobre todo, cumplir los compromisos adquiridos, ya que la coherencia entre lo que se promete y lo que se vive en la organización es la base para atraer talento y fortalecer su engagement.

La comunicación interna y el relato corporativo desempeñan un papel decisivo en el contexto actual. Las organizaciones necesitan articular un discurso coherente y auténtico que conecte con candidatos, empleados y clientes, y que refleje con claridad su cultura y sus valores.

Desde su experiencia, ¿cómo es la comunicación que realmente funciona en su organización y consigue dejar huella? La comunicación que realmente funciona es aquella que está alineada con la cultura organizativa. Antes de articular un discurso hacia fuera, es fundamental comprobar si los valores que decimos tener se reflejan en nuestro comportamiento cotidiano como organización. Para ello es necesario identificar esas claves culturales, traducirlas en comportamientos concretos que las hagan visibles y contrastar con la propia organización si realmente se perciben. En ese ejercicio suelen aparecer brechas entre lo que declaramos y lo que vivimos, y es ahí donde hay que trabajar, empezando por los niveles directivos y por los estilos de liderazgo. Solo cuando existe coherencia entre cultura, comportamiento y discurso, la comunicación consigue ser creíble y dejar huella.

Las nuevas tecnologías y, especialmente, la IA están transformando nuestras organizaciones. Nos permiten ser más ágiles y eficientes, pero también abren un debate relevante sobre el equilibrio entre lo tecnológico y lo humano. Los sesgos y las formas de preguntar y el uso que hacemos de la IA condicionan los resultados. Estamos ante una revolución tecnológica que necesariamente debe integrar a las personas.

Desde su perspectiva, ¿cómo se está desarrollando la función de la IA en el ámbito de RRHH y qué impacto está teniendo en la organización? Las grandes organizaciones y aquellas con un fuerte apoyo tecnológico ya están incorporando la IA en distintos procesos de gestión de personas. En muchos casos el primer paso ha sido ordenar la información y facilitar el acceso al conocimiento interno, mejorando la eficiencia de consultas mediante asistentes o chatbots. A partir de ahí, las organizaciones más avanzadas están utilizando la IA para analizar grandes volúmenes de datos y apoyar la toma de decisiones en ámbitos como la selección, la identificación de talento, la formación o el desarrollo profesional. Esto permite ser más ágiles y basar muchas decisiones en información más objetiva. Sin embargo, esta evolución también plantea retos importantes. Los modelos de IA aprenden de los datos que les proporcionamos y de la forma en que formulamos las preguntas, por lo que pueden reproducir sesgos o reforzar determinados patrones si no existe una supervisión adecuada. Por ello, más allá de la tecnología, la clave está en definir bien qué queremos valorar, con qué criterios y para qué tomamos determinadas decisiones. La IA puede ser una gran aliada para mejorar la eficiencia y el análisis, pero el criterio, la responsabilidad y la última decisión deben seguir estando en las personas.

La formación en nuestras organizaciones es un elemento clave. El reskiling es un elemento imprescindible para el desarrollo de nuestros empleados y marca el ADN de las organizaciones.

Desde este enfoque ¿cómo se plantea la evolución de la formación en nuestras empresas? Las organizaciones, y especialmente aquellos sectores muy apoyados en la tecnología, están sometidas a procesos de transformación cada vez más rápidos que, en muchos casos, afectan incluso al propio modelo de negocio. Esta realidad obliga a adaptar con agilidad perfiles profesionales, competencias y funciones dentro de la organización. En este contexto, el reskilling y el aprendizaje continuo se convierten en elementos estratégicos. La formación ya no puede entenderse únicamente como un conjunto de acciones puntuales, sino como un proceso permanente muy vinculado a la actividad y a las necesidades reales del negocio. Sin embargo, la formación solo genera impacto si existe una verdadera predisposición al cambio. Cuando las personas perciben que el entorno organizativo es seguro, que el aprendizaje forma parte del trabajo y que el error se entiende como parte del proceso de mejora —siempre protegiendo las actividades críticas—, es mucho más fácil desarrollar nuevas capacidades y afrontar los procesos de transformación. Por ello, más allá de los programas formativos, el verdadero reto de las organizaciones es construir culturas que favorezcan el aprendizaje continuo y la adaptación.

Vivimos en un entorno profesional donde conviven distintas generaciones, desde perfiles senior hasta la Generación Z. Sus formas de trabajar, expectativas e intereses colectivos pueden ser diferentes, pero todas resultan necesarias para el equilibrio y el desarrollo de las organizaciones.

Desde su experiencia, ¿qué valor diferencial están aportando las nuevas generaciones y cómo pueden las organizaciones seguir potenciando el talento senior en este contexto multigeneracional? A mi juicio, muchas de las diferencias que observamos entre generaciones responden a dos factores principales: las distintas expectativas y necesidades propias de cada etapa de la vida y el contexto socioeconómico en el que cada generación se ha desarrollado. Las nuevas generaciones aportan, en general, una gran familiaridad con la tecnología, una mayor apertura al cambio y una sensibilidad especial hacia aspectos como el propósito, la flexibilidad o el equilibrio entre vida personal y profesional. Estas perspectivas pueden enriquecer mucho a las organizaciones si se integran adecuadamente. Al mismo tiempo, el talento senior aporta experiencia, conocimiento acumulado del negocio y una visión más amplia de los ciclos económicos y organizativos, elementos que siguen siendo esenciales para la estabilidad y el desarrollo de las empresas. Por ello, más que hablar de diferencias, el reto está en crear mecanismos organizativos que favorezcan la colaboración y el aprendizaje mutuo entre generaciones. También es importante tener en cuenta el contexto actual. Hoy muchos jóvenes afrontan en España un momento complejo, con salarios relativamente bajos y un coste de vida creciente, mientras que generaciones anteriores, en términos generales, cuentan con mayor estabilidad. Ser conscientes de esta realidad y actuar con sensibilidad y generosidad hacia el desarrollo de las nuevas generaciones es también una responsabilidad de las organizaciones.

La función de Recursos Humanos ha experimentado una profunda transformación en los últimos años, consolidándose como un área estratégica y directamente vinculada al negocio. El rol del director de Personas es hoy más transversal y decisivo que nunca.

En este contexto, ¿qué papel cree que jugará Recursos Humanos en los próximos años y cómo evolucionará su posición dentro de la organización? La función de dirección de personas debe estar plenamente implicada en el negocio: conocerlo, hablar su lenguaje y aportar valor en la gestión del cambio. En un entorno caracterizado por transformaciones profundas y rápidas, que pueden poner en riesgo la supervivencia de las empresas, RRHH juega un papel decisivo al garantizar que estos procesos sean ágiles y eficaces. Para ello dispone de diversas palancas: la detección y desarrollo del talento, la formación, el seguimiento de métricas de contribución, la motivación a través del reconocimiento y el alineamiento cultural. Estas acciones permiten que las transformaciones no solo se implementen, sino que se vivan y se integren en la organización. Si la función de RRHH se limita a ofrecer servicios funcionales o a advertir sobre riesgos legales, sin participar activamente en los proyectos estratégicos de crecimiento, se pierden alineamiento y sinergias, y se desaprovecha su potencial como motor de valor y competitividad.

Publicación
29 de mayo de 2026